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Relato Sofía
padece de vaginismo grave, nada más pensar en el hecho de realizar el
acto sexual es suficiente para ponerse a la defensiva. No quiere saber
nada de hombres, los consoladores no los soporta y aunque dice que lo ha
intentado con las mujeres, no siente placer alguno estando junto a ellas,
¿qué puede hacer Sofía? ¿Sabe
Sofía qué es el vaginismo? ¿Sabe alguien qué es el vaginismo? Como
dicen las malas lenguas que sin ton ni son vilipendian. Si quieres saber
algo hay que ir a la biblioteca, también decía allá por el año 1972 un
viejo profesor que tenía, y que mejor biblioteca que la red de redes, ¡si
el viejo levantara la cabeza! ¡Pero cuidado! Internet está llena de
pequeñas trampas, ¡bueno, más que trampas, errores! Yo, como su madre
que soy estoy dispuesta a hacer todo lo que sea para hacer que su vida
sexual sea de lo más placentera, aunque para ello me tenga que convertir
en lesbiana, por lo menos hasta que Sofía sea capaz de relajar su vagina
y dejar que por ella se introduzcan penes, consoladores o simplemente un
dedo para que acaricie sus paredes y disfrute con ello. He
leído, he leído todo lo que he encontrado y sigo sin entender que es lo
que le puede pasar a Sofía, ella ha tenido una infancia de lo más
tranquila y feliz, nunca ha padecido trauma alguno, y por suerte nunca la
han violado, ¿por qué esa contracción perivaginal? ¿Por qué esa
contracción muscular involuntaria? Puede ser debido a su arraigada religión
por la que se sienta culpable de realizar el acto sexual. Lo he intentado
todo, por activa y por pasiva, la he llevado a todos los especialistas en
la materia y ninguno de ellos ha sabido solucionarle tan grave problema. Como
yo he sido toda la vida una persona clara y que habla sin eufemismos hoy
cuando venga de trabajar le voy a proponer que se deje dar un masaje en la
vagina. Como soy su madre y ella me tiene mucha confianza espero que se
relaje para ver si le puedo introducir un consolador por su siempre tensa
vagina. Ahí llega: -¿Hola Sofía, como estás? -¿Bien
mamá, y tú? Sofía
tiene un trabajo muy estresante en un despacho de abogados, me da mucha lástima
que además de trabajar durante más de diez horas, luego llegue a casa y
ni siquiera se pueda masturbar, ¡qué pena de chica! -Yo estoy bien, esperando tu llegada para darte un masaje vaginal. -¿Qué dices mamá? -Sí, déjate llevar, verás como poco a poco acabo con tu trauma o lo que quiera que tengas para contraer los músculos vaginales inconscientemente. ¡Déjame, hazlo por mí! -Vale,
de acuerdo. Si es lo que desea no te quiero contrariar. Desde que me enteré de que padecía vaginismo o lo que vulgarmente llaman como vagina estrecha, siempre he tratado de ayudarla, pero siempre ha sido rehacía a que yo le tocara un pelo de su cuerpo. Me he quedado extrañada por el hecho de que aceptara. La he acompañado al cuarto de baño y la he desnudado lentamente, acariciándola todo lo que me ha permitido. He creído ver que sus pezones se ponían algo erectos, esto me presagiaba que la idea del masaje podía ser acertada. Ya metida en la bañera me he centrado en masajear sus pechos y posteriormente alguna que otra pasada rápida por su entrepierna, pero sin llegarle a tocar su vagina, ¡no he querido asustarla! -Venga Sofía, ahora te seco y nos vamos a mi habitación para dar comienzo al masaje vaginal, Tú relájate y déjate hacer todo lo que a mí se me ocurra ¿Lo harás? -Ya
te he dicho que sí mamá. He
hecho que se tumbe en la cama apoyada sobre su espalda sintiéndole tacto
de las suaves sábanas, su sexo, pubis e ingles totalmente lleno de vello,
la verdad es que estaba un poco dejada, no se cuidaba esa zona tan
apetecible en nosotras las mujeres. Le dije: -Sofía hija, que descuidado tienes el coño, ¿qué coño haces descuidándolo? ¿Quieres que te lo depile? -¿Tu lo llevas depilado mamá? -¡Sí hija, desde hace 5 años lo llevo totalmente rasurado! Me encanta llevarlo así. Siento muchos más placer a la hora de masturbarme. -¿Pero tú te masturbas mamá? -Claro hija, siempre que me apetece. Y te puedo asegurar que no son pocas veces. ¿Quieres o no, que te depile? -¡Venga
mamá, hoy estoy dispuesta a todo! Aunque he de confesarte que me da mucha
vergüenza que me veas desnuda, y aún más que toques mis partes íntimas. Para
que se sintiera más cómoda le dije que yo también me desnudaría, de
esa manera al verme en pelotas se empezaría a relajar, ¡quién sabe, si
hasta se dejaría penetrar! La escena era muy excitante, ¡bueno, más que
excitante morbosa! Allí, en mi habitación las dos desnudas como nuestras
madres nos trajo al mundo, ¡sí, yo y su abuela! Mi sexo se parecía al
de una niña, ¡pero el de ella, que horror! Donde se ponga un coño
depilado, que se quite esa selva de vellos descontrolados. ¡Qué idiota!
Eso me gusta a mí, a otras personas les gusta llevarlo a lo salvaje, ¡hay
gente para todo! Dicen que el libro del los gustos está todavía en
blanco, nadie se atreve a escribirlo, ¿no? Ya me estoy hiendo por los
“Cerros de Úbeda” ¿Qué no saben que significa esa expresión?
Significa que para contar algo muy sencillo me estoy dando la vuelta por
la calle central de mi pueblo. No me hagan mucho caso que estoy un poco
loca. Mi
hija se quedó alucinada al ver mi coño totalmente depilado, lo tengo
depilado a la cera que es como mejor queda, tardas más pero vale la pena.
Sus ojos se clavaron en mi clítoris, en mi gran clítoris que se asemeja
a un pene de unos -¿Sofía, quieres tocarme el clítoris? -No mamá, me da vergüenza. -Hija,
tienes que empezar a dejar de tener vergüenza, ¡piensas que ya no eres
ninguna niña! ¡Venga, anímate y tócamelo! Si me lo acaricias se puede
llegar a poner de un tamaño de La
vi con muchas ganas de hacerlo pero no se atrevió a tocarlo, entonces yo
para demostrarle que lo que le decía era cierto me lo acaricié hasta que
logré que alcanzara su longitud máxima, que por el morbo de hacerlo ante
mi hija alcanzó un tamaño récord de Sofía
no me quitaba ojo, mi pequeño y erecto pene, parecía interesarle, la vi
con ganas de abalanzarse sobre él para acariciarlo, pero su trauma sexual
se lo impedía. Una vez que lo tenía en el cenit de su excitación le
dije que se sentara en la cama, me acerqué hasta ella para que mi clítoris
rozara sus labios. No hizo ningún gesto de rechazarme: -Sofía, ¡no seas tonta, si lo estás deseando! Prueba, y si no sientes ningún placer lo dejas, ¡no pasa nada! -No mamá, me da mucha vergüenza. -Bueno
hija, no te preocupes, ¡tú relájate, luego seguiremos! Espera que vaya
a por lo que necesito para depilar tu peludo conejito. No
quería forzar la situación más de lo necesario para que Sofía se
sintiera cada vez más confiada y relajada, ¡iba por buen camino! Yo
estaba algo excitada y resultaba frustrante el haber tenido que dejar mi
clítoris totalmente erecto antes de llegar al orgasmo, pero todo sea por
el bienestar de mi querida hija. Cuando
regresé con los utensilios necesarios para afeitar el atormentado coño
de mi hija, me encontré con una sorpresa. Sofía estaba vestida y
hablando por teléfono, por lo que hablaba se tenía que ir urgentemente
para preparar un caso. Los psiquiatras no han encontrado el problema que
tiene mi hija, ¡es increíble! Se ve a simple vista, el gran problema que
ella tiene es el trabajo. Cuelga el teléfono y dice: -Mamá lo siento, me tengo que ir urgentemente al despacho. Te prometo que otro día seguiremos con lo que hoy hemos empezado. -¡Adiós
hija, adiós! Allí,
sola, desnuda... casi me sentí ridícula. Como estaba algo excitada
aproveché la ocasión para masturbarme pensando en mi difunto esposo. ¡En
paz descanse! Él, que mi hija no tiene solución. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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