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Relato No
lo pude resistir más, la espera y el continuo pensar en Daniela hicieron
que me decidiera a llamarla. El teléfono de la tarjeta de presentación
como es natural era el de la oficina de la empresa donde trabajaba desempeñando
el cargo de directora de sistemas digitales, en una empresa muy conocida
en España, pero eso no es lo que importa, la llamaré: -¡Electrónica tal... dígame! -Buenos
días, me pasa con -Sí ¿De parte de quién? -Dígale
que soy Roberto el del avión. No
era manera de presentarme, pero era la única forma de que me recordara,
Roberto por sí solo no creo que le hiciera recordar. La recepcionista
después de un minuto me dice: -Sr.
Roberto, en estos momentos no se puede poner al teléfono, está en una
reunión muy importante ¡Déjeme su número de teléfono, ella le llamará! Esperé
su llamada durante toda la semana, era evidente que Daniela se había
servido de mí para que la consolara en el viaje de vuelta desde Nueva
York. Ahora sea por lo que sea no quiere volver a hablar conmigo. Un viernes por la noche de unas semanas después de llamar a Daniela, agotado del día de trabajo me eché en el sofá y pensando en ella quedé embelesado... ¡En fase REM, diría yo! Llaman al interfono de la entrada del edificio donde vivo: -¡Buenas noches! Soy Daniela ¿Puede abrirme? -Yo muy bien, gracias ¿Y Usted? -Encantado de conocerla ¡Mucho gusto Yolanda! -¿Qué es lo que desea? -Simplemente
visitarle, llamé a su empresa poco después de su llamada y no me
pudieron pasar, así que les pregunté su dirección y hoy que hemos
venido a Madrid de compras he aprovechado para visitarle ¿Es muy tarde
quizás? Le
dije que para nada, que no tenía ningún plan para la noche del viernes y
que era muy grata su visita. De haberlo sabido hubiera reservado mesa en
un lujoso restaurante para invitarla a comer, pero me conformé con: -¿Qué
quieren tomar? Pidan lo que deseen ¡Tengo de todo! Daniela
pidió que le sirviera un güisqui con mucho hielo y su hija una naranjada
ya que era la que tenía que conducir. Así lo hice y serví a cada una lo
solicitado y para mí una tónica. Charlamos y recordamos lo sucedido en
el vuelo, su hija no paraba de reír ¡Ya se sabe, dichosa juventud!
Yolanda se levanta: -¿Puedo ir al cuarto de baño? -¡Cómo
no! Por esa puerta pasillo al fondo. No
me había fijado hasta el momento, pero tanto Yolanda como Daniela
llevaban unas faldas muy cortas que dejaban sus muslos al aire. Durante la
ausencia de Yolanda, Daniela sin mediar palabra, me brindó con una
excitante vista de su entrepierna, al igual que en el taxi durante el
viaje al aeropuerto, llevaba unas sensuales braguitas de seda casi
transparente que dejaban ver su pubis totalmente depilado. Esta vez lo
pude ver a placer, ya que separó las piernas sin reparo alguno, miraba
fijamente a mis ojos y al tiempo se relamía sus carnosos labios. Hasta se
atrevió a introducirse los dedos en su vagina apartando las braguitas y
posteriormente conducirlos a su boca para saborearlos e incitarme ¿Qué
podía hacer? Su hija estaba en el cuarto de baño y saldría en cualquier
momento, no pude hacer otra cosa que observarla y excitarme con la vista
como si de un colegial se tratara, en voz baja le dije: -¿Tiene calor Daniela? Veo que separa mucho las piernas para que le entre aire. -Sí,
Tengo mucho calor, pero no es aire lo que quiero que me entre. Ya
estaba claro que Daniela no era tan fiel a su marido como me hizo creer en
el restaurante de Nueva York. Era evidente que esa hermosa mujer no estaba
satisfecha sexualmente hablando, ya que necesitaba que la hicieran
disfrutar fuera de su nido marital, sin ningún reparo pero nuevamente en
voz baja le susurré: -¿Quedamos para otro día? -¡Qué dice! Para otro día, es ahora cuando yo necesito otra cosa que no sea aire entre mis piernas. -Me
parece perfecto ¿Pero qué hacemos con Yolanda? Su
contestación me dejó atónito, me dijo que su hija estaba acostumbrada a
verla hacer el amor con otros hombres que no fueran su padre ¡Está
acostumbrada! Yolanda regresó del cuarto de baño y directamente dice: -¿A
qué esperáis, cuando echáis el polvo? Yo
no sabía donde meterme, no estaba acostumbrado a esa clase de libertades
filiales, la excitación de mi pene conseguida con las insinuaciones de
Daniela fueron heladas por los comentarios de Yolanda, les dije: -Creeréis que soy un antiguo, pero no estoy acostumbrado a esta clase de relaciones, no creo que fuera capaz de que mi pene se pusiera a tono para la ocasión ¡Lo siento! No soy vuestro hombre. -No
te preocupe, tú déjate llevar que yo haré el resto ¡Yolanda sólo
mirará! Aunque estaba decidido a echar a esas dos hermosas pero indecentes mujeres de mi casa, las dejé hacer. Yolanda se situó en el sillón que tengo frente al sofá en donde su madre empezó a acariciarme lenta y suavemente. Daniela se pone en pie y me pregunta: -Tus pantorrillas, tobillos y pies ¡Sin desmerecer el resto! -Se
me ocurre una cosa para que te relajes y pierdas la vergüenza y seas
capaz de excitarte estando Yolanda presente. Daniela hizo una señal, Yolanda se acercó intercambiando su lugar de asentamiento por el mío. Habló en voz muy baja cerca de su oído y ésta, empezó a darle un masaje en las pantorrillas, tobillos y pies. Daniela deja ver su entrepierna sin ningún pudor y al tiempo que su hija le masajeaba las piernas, ella se acariciaba la vagina por encima de la suave tela de sus braguitas de seda ¡Pobre de mí! Mi pene seguía sin reaccionar, estaba tan cohibido que mi miembro no sabía donde meterse ¡Soy muy clásico! Me gusta la relación mujer, hombre. Nunca he tenido ninguna fantasía ni curiosidad por ver a dos mujeres haciendo el amor ¡Soy así! Como no reaccionaba, Daniela dijo a su hija que se despojara del top que lucía, lo hizo dejando al desnudo sus firmes y pequeños pechos ¡Qué senos, eran más que tentadores! Cualquier hombre pagaría una fortuna por tenerlos en sus manos y acariciarlos con ternura y suavidad. Ella seguía con el masaje a su madre, pero yo seguía sin despertar lo más mínimo mi libido. Daniela pregunta: Como último intento de Daniela por hacer que me excitara, se quitó la ropa poco a poco hasta quedar desnuda por completo e hizo hacer lo mismo a su hija. Las dos se fundieron en una masturbación mediante la frotación de sus sexos entrelazando sus piernas en forma de tijeras. Las dos rozaban sus vaginas totalmente depiladas hasta hacer que de ellas brotaran sus jugos ¡Brillaban! Se frotaban con gran placer, cosa que denotaban sus jadeos.
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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