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Relato Estaba
tan impaciente porque llegara el lunes que me presenté en mi despacho dos
horas antes del horario establecido, hasta el vigilante de la entrada se
extrañó al verme tan temprano, ya que yo soy una persona muy puntual,
pero no llego antes de la hora ¡No me gusta regalar mi tiempo! Eso sí, a
la hora de trabajar no escatimo ni un átomo de mi esfuerzo y me entrego
en cuerpo y alma. No me gusta regalar nada a la empresa, ya que ella no me
regala nada a mí, por eso soy puntual, muy puntual tanto para entrar como
para salir. Dicen que soy una persona peculiar ¡Sí, lo soy! Soy amable
con quién debo y antipático con quién quiero ¡No me gusta lamerle el
culo a nadie y que nadie me lo lama a mí! Pero la fijación que Daniela
había logrado inculcar en mi mente estaba haciendo de mí un pelele que
era capaz de ir tras de ella aunque me había despreciado ¡Sí,
despreciado! El hecho de no contestar a mi llamada ha sido un acto de
descortesía, pero no me importaba en absoluto ¡Daniela tiene que ser mi
amante! Aunque tan sólo sea para corrernos una aventura. Hice un trabajo
que urgía, pronto llegó la hora de entrada, todos y cada uno de los
empleados iban haciendo su aparición en el despacho, traían las caras de
los lunes. Algunos llegaban hasta sus puestos de trabajo por pura rutina,
pero eso no es lo que importa. Lo importante era llamar a Daniela: -¡Electrónica tal... dígame! -Buenos
días, me pasa con -Sí ¿De parte de quién? -Dígale
que soy Roberto el del avión. De
nuevo me dijeron que estaba reunida, que no se podía poner en esos
momentos y que no me preocupara, que le pasarían el encargo. Esta vez les
dije que era muy urgente y que esperaba su llamada allí, en mi despacho.
Pasaron las horas y Daniela no llamaba. Y como es normal en mí, volví a
insistir: -¡Electrónica tal... dígame! -Buenos
días, me pasa con -¡Lo siento, se acaba de marchar! -Señorita, es muy urgente ¿Me puede dar el teléfono de su móvil? -No
señor, lo tenemos totalmente prohibido ¡Lo siento! No le puedo ser útil. Todos
los intentos fueron fallidos, intenté todas las estratagemas para lograr
que la recepcionista me diera el número de teléfono, la dirección de su
domicilio o una dirección de correo electrónico ¡Nada! Todo fue en
vano. Visto que por los medios habituales de interrogación no lograba éxito
alguno, utilicé el ingenio y me serví de una chica que conozco que
trabaja en la administración de la seguridad social en la sección de
seguros sociales de empresas. Le facilité el nombre de la empresa, y el
cargo que desempeñaba Daniela y en cuestión de minutos me facilitó su
dirección exacta. Le di las gracias por su diligencia y raudo me puse
manos a la obra para lograr un número de teléfono que correspondiera a
esa dirección ¡No tuve problemas en encontrarlo! Le llamé: -¡Sí, dígame! -Buenas tardes, me pasa con Daniela. -¿Señor, qué Daniela? En esta casa hay cuatro mujeres que se llaman así. -Con la directora de Sistemas, le llamo de la empresa donde ella trabaja ¡Le tengo que comunicar algo muy importante! -Un
momento por favor. Estaba
nervioso y expectante de oír si -Yo bien ¿Y Usted? -Daniela, déme una oportunidad ¡Estoy enamorado! Si no quiere una aventura, concédame un fin de semana ¡Iremos a París! -Es
usted un descarado ¡Adiós muy buenas! Se levantó con energía y cabreada, se marchó sin mediar más palabras. Me quedé allí plantado y con una cara de rechazado que era digna de ver. Hasta la camarera se dio cuenta del percance, la llamé para pagarle: -¿Le hace gracia? -¿Qué, señor? -El que me hallan dejado aquí plantado ¡Compuesto y sin novia! -¡Hola! ¿Quién es? -Soy la chica que le ha dado el número de teléfono. Le llamo para decirle que me hubiera encantado tomar algo con usted esta noche ¡Qué rabia que la tenga ocupada! -Lo siento, es que mañana salgo para Copenhague muy temprano de viaje ¡Otro día será! -¿Cuándo nos podemos ver? ¡Por cierto, me llamo Penélope! -Encantado Penélope, Roberto para servirte en lo que desees. El viernes vuelvo de viaje. -¡Buenas tardes! Pobre de mí, entre en la tienda y olvidé que no estaba en Madrid, como el idioma danés no es mi fuerte me dirigí a la dependienta en inglés ¡Tuve suerte! Ella también lo hablaba y me pude entender con ella. Me dejé aconsejar y le compré lo que ella me aconsejó, un conjunto completo de lencería sexy excitante, pero el problema llegó a la hora de decirle de qué talla era la chica en cuestión. Por fortuna en la tienda había una chica que aproximadamente tenía la figura que recordaba de Penélope. La dependienta sacó las cajas correspondientes y la introdujo en una bolsa: Así lo hizo, pagué y me marché al hotel para descansar ya que al día siguiente tenía que madrugar para coger el avión de vuelta.
*-*-* Denominación de la RAE de Género |
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