|
Relato Por
motivos que no vienen al caso, en mi casa tuvimos que contratar los
servicios de una chica para que hiciera los trabajos pertenecientes a la
casa, limpieza, comida etc. Yo nunca fui partidario de que en mi casa
entrara a trabajar nadie, creía que no me sentiría cómodo al estar una
persona extraña viendo y escuchando mis intimidades, pero las
circunstancias hicieron que me tuviera que adaptar. Pasaron
algunas semanas desde que Noelia empezó a hacer mella en mí. Un domingo
aún estando acostado, entró en mi habitación para traerme el desayuno.
Mi madre le dijo que me lo trajera a la habitación. Entró tras un leve
golpe de la mano en la puerta, yo en ese momento estaba haciendo lo que
todo joven a los 20 años suele hacer al despertar, ¡me estaba
masturbando! La mujer entró y se hizo la disimulada, aunque estoy seguro
de que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ¡figúrense! Yo joven,
inexperto y totalmente falto de una hembra que calmara mis fantasías.
Ella, una mujer madura y aparentemente experta en las labores del acto
sexual: -Buenos
días, le traigo por deseos de su madre el desayuno. Incorpórese por
favor, se lo sirvo en la bandeja. Totalmente
rojo y aún con mi miembro erguido, me dispuse en posición para tomar el
desayuno, la bandeja era una de esas inventadas para realizar ese
cometido, hacer de mesa. Al colocar la bandeja en la posición correcta
para que pudiera desayunar cómodamente, topó con el glande de mi pene
que al sentir el peso de la misma, hizo que yo diera un pequeño suspiro
de placer, contrayendo el cuello: -¿Le he hecho daño? -No, en absoluto, ha sido un reflejo. ¿No pasa nada, Noelia? -¿Seguro,
quiere que luego le de un masaje? Quedé
mudo, parecía que como habitualmente se les dice a los niños, “el gato
se me había comido la lengua” ¡Qué infortunio! Cómo me hubiera
gustado disfrutar de esa madura, ¡pero no vieja mujer! -¿No
desea nada más? Con
esa pregunta me dejo allí sentado en la cama dispuesto con la bandeja
haciendo presión sobre mi erecto pene a punto de eyacular. Y todo por
haberle visto fugazmente uno de sus pechos, ya que llevaba un botón de su
uniforme desabrochado, ¡qué infantil que soy! Mientras
desayunaba, fantaseaba con las cosas que me gustaría hacer con esa madura
mujer de 45 años, ¡sí, sabía su edad! Hurgué en el despacho de mi
padre y encontré los papeles de alta en -Roberto,
te estamos esperando. ¡Prepárate que llegamos tarde a misa! La
eyaculación, aunque inminente, debido al respeto o quizás miedo que
tengo a mi madre se retiró a su lugar de procedencia, ¡los testículos!
Y créanselo, la erección de mi pene se redujo a cero, ¡le tengo pánico! -En 15 minutos estoy preparado. -Espero
que sea así. –Contestó como siempre enérgica- Durante
la misa estuve nuevamente pensando en Noelia, está mal el decirlo, pero
es que yo soy un practicante forzado de la religión a la que pertenecen
mis padres. Asisto obligado por mi madre, ¡pobre de mí si no lo hago!
Entre pensamientos, fantasías y puras animaladas, el tiempo de la misa
pasó casi sin sentir. Tras
mentir a mi madre, de regreso de misa me dejaron en casa. Le dije que tenía
que estudiar para un examen el lunes por la mañana. Ella se lo creyó, ¡eso
parecía! Lo del examen era verdad, lo de estudiar no, soy muy buen
estudiante y no necesito repasar nada antes de ellos, aprovecho el tiempo
de las clases al máximo y además estudio 5 horas diarias para repaso.
Eso lo hago todos los días de lunes a viernes, sábados y domingos los
dedico a descansar, ¡ella no lo sabe! El plan estaba en fase de inicio,
tendría 5 horas para intentar hacer las cosas que había pensado con
Noelia. Esas cinco horas que mis padres como todos los domingos dedican
para ir a comer a un restaurante en la montaña, ¡sí, allí, donde
alguien perdió las alpargatas! Esta es la primera vez que no me obligan a
ir con ellos, ¡aún no me lo puedo creer! Mi madre antipática como
siempre dice: -Tomás, espero que estudies y que mañana apruebes ese examen que dices que tienes. -Así lo haré mamá, ¡no te preocupes! -No,
yo no me preocupo, el que se tiene que preocupar eres tú como suspendas. Con
esa advertencia cariñosa por parte de mi madre partieron rumbo a su
esparcimiento dominical, ¡qué descanso! Durante cinco horas podré estar
tranquilo sin el temor de ser sorprendido por la figura dominante de mi
madre. Como muestra un botón, fíjense si es dominante, que no puedo
tener amigos, todos los que he intentado llevar a casa han salido
espantados a los pocos minutos. Controla lo que hago en casa y fuera de
ella. -Adiós
mamá, que lo paséis bien. Entré
en casa contento de alegría y no tardé en llamar a Noelia para que me
preparara un tente en pie. No tardó en llegar, como hacía algunas horas,
aún llevaba el botón del escote desabrochado y se le podía ver algo uno
de sus pechos, ¡eso me bastaba! En revistas durante las horas de clase he
visto muchas, pero en verdad, ¡ninguna! En clase siempre que veo alguna
chica descotada las evado, no quiero que piensen que no me he comido nunca
una rosca, ¡es verdad! Pero ellas no tienen porque saberlo. -¿Qué desea? -Prepáreme algo de comer y sírvamelo aquí, estaré viendo las carreras de motos. -¡Enseguida
vengo! Noelia es muy correcta en el trato y aunque a mis padres les llama señor y señora, conmigo nunca se dirige diciendo, ¡señor! Cosa que por otra parte odiaría, pero si me encantaría que se dirigiera ha mí llamándome por mi nombre. Ahora en cuanto llegue se lo haré saber: -Aquí tiene, espero que disfrute de la comida y de la carrera. -Gracias Noelia, ¡muy amable! Tengo algo que decirle. -¡Dígame! -Me llamo Tomás y me gustaría que me llamara por mi nombre. -Así
lo haré a partir de ahora Tomás. Estaba
allí, en pie frente a mí, en la posición en la que estaba su culo era
tentador. Me armé de valor y sin pensarlo, se lo toqué por encima del
vestido. Ella, también sin pensarlo, me soltó un bofetón que casi me
desencaja la mandíbula y dice: -¿Qué
se cree usted Tomás, que por que soy una empleada del hogar soy una puta?
Está usted muy equivocado. ¿Qué conclusiones ha sacado de la frase,
darle un masaje? Me refería a un masaje en las cervicales, ya que usted
hizo un movimiento de dolor en el cuello y yo soy masajista ¿Necesita
algo más? Esas
fueron las últimas palabras que le oí pronunciar a Noelia, en cuanto
llegaron mis padres, les contó lo sucedido y se marchó. Mi madre si
mediar palabra la escuchó con atención. Cuando hubo terminado y
marchado, se dirigió hacia mí, me propino dos bofetadas al tiempo que me
llamaba degenerado. -¿Hay para tanto mamá? –Me atreví a contestar- -Sí,
si hay para tanto, no es lo que has hecho, es lo que pensabas hacer. A las
personas hay que respetarlas. ¿Lo has entendido? Ha pasado el tiempo, he olvidado aquel error de mal gusto por mi parte con la sirvienta Noelia, ¡mi madre no! Terminé la carrera, encontré trabajo y sin pensármelo dos veces me marché de casa. ¡Ahora sé lo que es vivir! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
|
Todos los textos aquí expuestos han sido creados por el grupo de escritores de gestialba.com por lo tanto son textos originales y con derechos de autor. Situando el puntero del ratón durante unos segundos sobre los bocetos sentirás algunos sonidos.
|