Amistad hipocrita

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Nuestros miedos

Título: Amistad hipócrita 
Autor: Gestialba.com
Productor: Gestialba.com 
Guión:

Gestialba.com

Protagonista principal: Karina
Actores: Karina, Palmira, Daniel
Música: Gestialba.com
Fotografía: Gestialba.com
Editada: 2007
Género: Amistad - Desilusión
Duración: 005 minutos 
Recomendada: Mayores de 18 años

 

Relato

Acabo de colgar el teléfono a mi amiga desde la infancia, me ha hecho una confesión que me ha puesto los pelos de punta. Dice que ha intentado que su hermano se la tire, pero que la ha rechazado porque dice que no le gustan las mujeres. ¡Joder con Daniel! No me esperada eso de él, ese muchacho engreído que siempre presumía de macho ligón, ¡ahora lo entiendo, ligaba con chicos! No tengo nada en contra de los homosexuales, pero si tengo mucho en contra de las personas que han presumido toda la vida de una cosa, y resulta que son otra, ¡la hipocresía no me gusta! Yo desde siempre le he dicho que era lesbiana, y el muy... se reía de mí. Me alegro de saberlo, ahora en cuanto le vea, me mofaré llamándole “maricón” como pago a las miles de veces que él riendo me ha llamado “bollera”, ¡A ver cómo le sienta! Ves Daniel como nunca se ha de decir de esa agua no beberé.  

Pasaron algunos días y llegó el fin de semana, el viernes es el día que Karina y yo nos vemos para disfrutar de nuestra buena amistad. Casi siempre lo pasamos en casa, unas veces en la mía, y otras en la suya. Ese viernes tocó por suerte para mí, en casa de Karina, así tendría la posibilidad de ver a Daniel, estaba deseando llegar, toqué el timbre:  

-¿Sí, quién es?

-Soy Palmira, la amiga de Karina.  

Como siempre que llego a la casa de Karina me atiende el servicio, ella nunca sale a recibirme. He conocido ya siete ama de llaves, ¡ostras, esta es nueva! Ahora son ocho, he de reconocer que aunque somos amigas desde que éramos bebés, en esta familia son muy especiales. Supongo que ese es el motivo de que nadie dure más de dos años a su servicio. Esto que estoy diciendo no lo debería de decir una buena amiga como lo soy yo, ¡pero es que es la verdad! La nueva empleada de hogar dice:  

-Acompáñeme Srta. Palmira, le llevaré a la habitación de la Srta. Karina.

-No importa, ya subiré sola, se donde está, ¡gracias!

-Lo siento Srta. Palmira, tengo órdenes de no dejar subir a nadie si no es acompañado por mí.  

La nueva ama de llaves, sin dudas era una persona a la altura de aquella familia, era tan estirada sino más que ellos, ¡jolines! Me quedé cortada y me limité a seguirla hasta la habitación de Karina. Llamó a la puerta y me anunció:  

-Srta. Karina, aquí está la Srta. Palmira.  

Plantada en el umbral de la puerta, sentí como Karina le daba la orden a su ama de llaves para que me hiciera pasar. Me sentí tan decepcionada, esa nueva pantomima de ser acompañada y anunciada, ¡me dolió! Siempre había tenido la confianza de subir o ir a cualquier parte de la casa sin que nadie del servicio me acompañara. Hasta ahora no lo había querido reconocer, pero el dinero se le está subiendo como normalmente se dice a la cabeza.  

-Pase Srta. Palmira, la Srta. Karina le atenderá.  

Le di las gracias, y por un momento tuve la tentación de salir corriendo de aquel lugar desconocido para mí. Pero hice de tripas corazón, respiré profundamente y entré:  

-Hola Karina, ¿Cómo estás?

-¿Muy bien y tú?  

Tengo 19 años, me falta experiencia, pero noté en el tono de voz de Karina que algo iba a suceder, ¡no sé, lo presentía!  

-¿Qué haremos hoy Karina?

-Lo siento Palmira, pero tengo una fiesta esta noche y no podré estar contigo.  

Mi amiga Karina era rara, pero desde que me llamó el martes para darme la noticia de lo sucedido con su hermano, ha cambiado en su actitud. Estaba cortada, estaba dolida, guardando la compostura le contesté:  

-¡Vale Karina, me podrías haber avisado por teléfono! ¿No crees?

-¡No he caído!  

Me disponía a marcharme de aquella casa como siempre lo había hecho, sin que nadie me acompañara, pero Karina llamó a la ama de llaves para que me condujera hasta la puerta de salida. Sin palabras, con un nudo en la garganta y casi con lágrimas a punto de brotar de mis ojos, acompañé a la ama de llaves:  

-Adiós Srta. Palmira, ¡que tenga un buen día!

-¡Gracias, igual le digo!  

Desde ese triste día, han pasado ya tres años, nunca más la he vuelto a ver y ni tan siquiera hemos hablado por teléfono. Al creído de su hermano lo vi un día en la discoteca muy acaramelado besando a un chico, ¡no me dirigió la palabra! Aquella relación con Karina que nació en nuestra infancia, terminó, ¡aún no sé por qué!  Pero lo cierto es que acabó, no hubo pelea, un hubo reproches, ¡terminó, sin más! Eso ha provocado en mí un rechazo casi enfermizo, rechazo tener amistad más allá de la simple relación sexual ocasional. ¡No creo en la amistad, y menos en el amor!  

Aunque estoy dolida, en el fondo de mi corazón guardo algo del amor que recibí de Karina. En mis noches de soledad sigo pensando en ella y recuerdo su olor, su sabor y sus besos. Aquellos besos llenos de ternura, ¿Cómo se puede olvidar todo eso? Recuerdo aquellas noches de continuos abrazos y caricias viendo esta o aquella película casi siempre romántica que hacían aflorar cada viernes nuestro profundo amor, ¿era todo mentira? Les aseguro que por mi parte no.

*-*-*

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