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Relato Ahí
está pensativa, como ida, mirándose en el espejo ¡Su imagen reflejada!
Ella como absorta ¿Qué le ocurre? Parece mirar su rostro ya algo
envejecido por el paso de los años. Olvidando el espejo clava su mirada
en sus manos castigadas por el trabajo ¡El duro trabajo! Que le ha tocado
desempeñar. De sus ojos brotan lágrimas ¿Por qué llora? No tiene
motivo aparente ¿O quizás sí? -¿Qué
te ocurre Magdalena? Te veo triste. Magdalena
no me escucha, sin duda está pensando en sus años de juventud ¡Querría
que regresaran! Volver a ver su piel tersa y suave, volver a tener la
vitalidad y agilidad de los veinte años ¡Está viviendo sus recuerdos! -Magdalena
¡Por favor contéstame, no estés triste! ¿Dime qué es lo que te pasa? Nuevas
lágrimas afloran de sus afligidos ojos. Se mira ahora sus pechos caídos.
El espejo le devuelve la fiel imagen de sus años ¡El espejo no habla!
Pero ella parece imaginar estar escuchándole decir: -Ya
eres mayor, no eres bella como en tu juventud. Maldito
ser inanimado ¡Eres cruel! ¿Por qué le dices esas cosas? Magdalena
siempre se ha portado muy bien contigo, siempre te ha limpiado usando los
mejores productos que han sacado al mercado ¿Por qué le haces pensar,
por qué le dices vieja? Se
da la vuelta para ver sus nalgas. Siempre las había tenido tersas, ahora
se fija en la celulitis y llora, ya no son lágrimas de nostalgia. Ahora
es llanto de abatimiento se viene abajo. -No
llores ¡La vida es así! Se nace, se vive y se envejece ¡Disfruta el
momento que te ha tocado vivir! No desperdicies el final de tu vida sumiéndote
en una profunda depresión. El
día está lánguido, triste y lluvioso. Eso la tiene trastornada,
Magdalena siempre ha sido una mujer vital y alegre, nunca ha pensado
negativamente frente a ocaso de la vida, siempre dice ¡Morir, tenemos que
morir! Siempre lo dice, pero ahora ella llora viendo el final, sus fuerzas
le flaquean. -Vístete
¡No sigas mirándote en el espejo! Daremos una vuelta paseando bajo la
lluvia y luego lo verás todo de otra manera. Parece
que contesta ¡No, simplemente habla! Dice cosas, pero parece ignorarme,
como si no estuviera ¿Qué le está ocurriendo? Ahora dice algo: -¡Qué triste es la vida, qué triste es la soledad! -¿Qué
dices Magdalena? ¡Yo estoy aquí, soy Gabriel! ¿No me ves? No estás
sola. ¡No
contesta! Ahora el que se empieza a preocupar soy yo. Da la sensación de
que no me ve. Actúa como si no estuviera presente. -Gabriel
¿Por qué me has dejado, por qué te has ido? ¡No!
¿Cómo puede ser? Ella no me escucha, ella no me ve ¿Cómo es posible?
Si dice que me he marchado, eso sólo puede significar una cosa ¡Estoy
muerto! ¡Qué estoy diciendo! Yo no creo en la vida después de la muerte
¡No tiene sentido! -Sin
ti, mi vida no tiene razón de ser ¡Estoy decidida! Esto
no puede estar sucediendo, debo de estar soñando ¡Es un mal sueño! Se
gira dando la espalda al espejo, Magdalena se dirige al cuarto de baño ¿Qué
haces? No estarás pensando... ¡Por favor no! No ves que te queda mucha
vida por delante ¡No lo hagas! Despierta Gabriel, despierta. ¡Diablos!
No estoy teniendo una pesadilla, esto está pasando realmente ¡He muerto!
Y ella intenta quitarse la vida ¡No puedo hacer nada, no la puedo
detener! -¡No
lo hagas, por favor no lo hagas! Está
llenando la bañera y ha cogido una cuchilla de afeitar ¡No, Magdalena!
No lo hagas, vístete, sal a la calle y rehaz tu vida. El timbre de la
puerta suena ¿Qué suerte? Se ha detenido, ha cerrado el grifo de la bañera,
parece que irá a ver quién está llamando. Sí, parece que lo hace, se
pone la bata y se dirige a la puerta. -¿Quién es? -Soy
Guillermo, un amigo de Gabriel ¿Puedo entrar? ¡Qué
alivio! Guillermo es un tío muy alegre y estoy seguro que la hará salir
del bache en el que se encuentra. Además a Guillermo siempre le ha
gustado Magdalena, desde que un día se la enseñe en una foto no paraba
de decir lo guapa que era ¡Nunca se la presenté! Pero ahora como tiene
el camino libre ¡No lo ha dudado! Estoy seguro de que viene a tirarle los
tejos ¡Espero que lo haga! -No le conozco ¿De qué conoce usted a mi marido? -Éramos compañeros de trabajo ¡Ábrame, esté tranquila! -Perdone
la desconfianza ¡No se le puede abrir a cualquiera! Perfecto,
le ha abierto. Ella lo mira de arriba abajo, él, hace lo propio, da la
sensación de que se han gustado. -Adelante
Guillermo, no sea tímido y conquístala. Temblando
se ha puesto cuando al parecer ha sentido mi voz ¡Se ha puesto pálido! -¿Ha sentido? He escuchado la voz de Gabriel. -Oiga usted. No sé lo que quiere de mí, pero si ha venido a reírse, le pido que se marche de esta casa ahora mismo. -¡Se
lo prometo le he escuchado! Con
el miedo en el cuerpo Gabriel ha enmudecido por unos instantes, Magdalena
no le cree como es natural ¿Quién se va a creer que una persona
fallecida pueda hablarte? yo extrañado y para comprobar si me oye le
digo: -Guillermo,
dale un beso y consuélala ¡Lo necesita! No
tengo la menor de las dudas, Guillermo puede escucharme. Se ha levantado y
se ha dirigido rápidamente para la puerta de salida. -Lo ha sentido ahora Magdalena. -No
he sentido nada. Le ruego que se marche ¡No estoy para tonterías! Le
ayudaré y trataré de que Guillermo no se marche y que le distraiga para
que se le pase la idea de irse de este mundo. -Guillermo sé que me oyes, dile a Magdalena para que se convenza de que estoy aquí una cosa. Tienes un lunar justo al lado del clítoris. -No puedo Gabriel ¡Me tomará por loco! -No
lo hará ¡Díselo! Cuando
Guillermo le ha dicho lo del lunar, Magdalena se ha puesto nerviosa y
miraba repetidamente para todas las direcciones y se ha puesto a llorar. -Lo siento. ¡No le puedo creer! -Créame es cierto, escucho lo que dice ¡Está aquí! Yo estoy asustado, le prometo que no le estoy gastando ninguna broma. -¡Márchese! Esto es de muy mal gusto. -No te marches, dile que no te irás hasta que no te prometa que no se suicidará. -Me
acaba decir que no me marche hasta que no me prometa de que no se suicidará. Con
lo que acaba de decirle Guillermo se ha quedado casi petrificada ¿Cómo
podía saber Guillermo eso? Empezaron ha hablar y rompieron el hielo, pregúntale
qué edad tengo, sólo él lo sabe. -Dile que cumplirá los sesenta y cinco mañana. -Dice
que 65 cumplirá mañana. Ahora
ya se lo creía, pero estaba estupefacta, se quedó callada. Ni Guillermo
ni ella eran capaces de articular palabra alguna. Ha pasado todo el día
con ella, de la cabeza ha desaparecido la idea del suicidio. Le he dicho a
Guillermo que no la deje sola y que intente ligársela. -Dile que la quiero, que la he querido mucho y me ha hecho feliz toda la vida. Ya no te volveré ha decir nada más, trátala bien. -Se
lo diré Gabriel. Han pasado los meses, Magdalena está recuperada y ha hecho muy buenas migas con Guillermo. Se ha venido a vivir con ella y son muy felices. ¡Dice el dicho! El muerto al hoyo y el vivo al bollo ¡Me alegro por ellos! Yo supongo que algún día me marcharé y dejaré este mundo para pasar a otro. Mientras tanto, os aconsejo que siempre que os miréis en el espejo veáis cosas bonitas. Nunca, nunca malos pensamientos. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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