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Relato De
nuevo en Madrid, con solamente un bocadillo en el estomago, mi cuerpo
empezaba a reclamar algo de alimento ¡No le hice esperar! Cerca de la
estación recordaba de una pequeña taberna en la que mi madre me compró
una bolsa de patatas fritas el día que salimos de viaje para Málaga ¡Pensé!
Iré allí que siempre me costará más barato que en la estación comer.
Siempre había sentido a mi madre decir que comer en los restaurantes de
las estaciones era muy caro ¡No tengo dinero como para malgastar! Y eso
gracias a ese buen hombre del tren. Comeré y luego iré a casa ¡Mi
aventura llega a su fin! Iba andando y pensando, me topé con la taberna
que por suerte aún existía: -Buenos días ¡Quiero comer! -Siéntese
señorita, ahora le tomo nota. La
chica que estaba tras la barra de la pequeña pero acogedora taberna ¡Me
recordaba a alguien! ¿Pero a quién? En ese momento no caí en quien era.
Pero ella si me reconoció, se quedó un instante parada mirándome y
dijo: -Perdona que te mire así, pero es que me recuerdas a una chica del colegio que cuando tenía 12 años desapareció ¡Desapareció sin dejar rastro alguno! Soy una tonta, no me hagas caso ¿Qué es lo que quieres comer? -¿Puedes
hacerme unos huevos fritos con lomo? ¡Anita! Sabía
que su cara me era familiar, cuando le hablé para decirle que es lo que
quería comer, le dejé caer mi nombre ¡Estaba necesitada de amistad!
Quería saber quién era: -¿Anita eres tú? ¡Qué alegría! ¿Dónde has estado todo este tiempo? -Por
ahí, he estado por ahí. Se
abalanzó sobre mí y me beso y abrazó repetidas veces ¡Parecía
alegrarse de verme! Yo aún seguía sin recordar quien era, hasta que
dijo: -Soy
Petra, la hermana de tu amiga Lidia ¿Me recuerdas? Mentí,
le dije que las recordaba como si hubiera sido ayer, cuando me marché ¡No
recordaba los detalles! Su cara me sonaba ¡Pero nada más! Me sirvió lo
que le pedí y estuvo muy amable durante todo el tiempo que permanecí en
la pequeña taberna. Cuando estaba terminado de comer se acerca: -¿Quieres tomar un café? -No, me marcho ya ¡Dame la cuenta! -Está todo pagado, te invito yo. Toma mi número de teléfono y me llamas cuando quieras ¡Saldremos un día juntas! -Gracias
Petra, eres muy amable. No
se que es lo que estaba ocurriendo, estaba pasando de un extremo al otro.
Antes todo el mundo me maltrataba y ahora voy encontrando gentes que son
amables ¡Buenas! No se si me estoy volviendo loca o sensible ¡Qué
bonito es vivir aquí! Me despedí de esa chica llamada Petra y salí de
la taberna ¡Eso es lo único que hice! Salí a la puerta y no supe que
hacer, sabía que quería ir a ver a mis padres ¡Lo sabía! Pero de
repente no recordaba donde vivían. Como atontada me quedé allí en pie,
hasta que: -¿Qué te pasa Anita? Llevas ahí en pie más de un cuarto de hora ¿Te puedo ayudar en algo? -La
verdad es que sí, te agradecería que me dijeras dónde vivo ¡No me
acuerdo! Estaba
obnubilada ¡Qué me estaba pasando! Estaba perdiendo la memoria ¿Sería
eso a causa de mi enfermedad? ¡Qué triste final será el de mi vida!
Petra no me dijo donde vivía ¡Me llevó a mi casa! Entró en la taberna
y habló con el que parecía el dueño, salió y me acompañó hasta su
coche aparcado ¡Ella conducía! He malgastado mi niñez, no sé conducir,
no tengo amigas ¡Qué desastre, qué idiota fui! Estaba como ida pensando
y tratando de recordar, pero todo era confuso. Los recuerdos iban y venían
por momentos. Oigo que alguien habla: -Anita, ya hemos llegado. Esta es la calle donde vives. Yo vivo en ese edificio ¿Recuerdas? -Sí, ahora recuerdo algo. -Verás
que alegría le vas a dar a tu madre ¡La pobre ha sufrido tanto! Cuando
desapareciste lo pasó realmente mal ¡Muy mal! Con
las palabras de Petra, a la que aun no conseguía lograr recordar, no tuve
más que llorar ¡Sí llorar! Yo que tenía el corazón curtido a fuerza
de desagravios y constantes palizas, yo que había sido maltratada y
humillada de todas las maneras en las que se pueden ser. -Perdona
anita, con lo que te he dicho no pretendía hacerte llorar ¡Lo siento!
Vamos, no llores mujer ¡Subamos a tu casa! Cuando
entré en el rellano para subir en el ascensor empecé nuevamente a
recordar todo con gran nitidez. Ya recordaba, fui yo la que pulsé el botón
del tercer piso que es en el que vivía. Ya en el rellano, frente a la
puerta de entrada de la casa que me vio nacer tuve la suficiente fuerza
como para llamar al timbre: -¿Quién es? -Soy
Anita mamá. -Dije llorando desconsoladamente- Mi
madre seguramente que miró por el visor para ver quien era y supongo que
abrió al verme acompañada por Petra ¡Supuse que la conocía!
Se quedó parada ante mí, vio como lloraba ¡No sabía que hacer!
No se lo podía creer ¿Era un sueño o era realidad? Su hija desaparecida
estaba frente a ella ¡Pero no se lo creía! -¡Si mamá, soy yo! ¿No me abrazas? -¡Claro
que sí tonta, dame un beso! Me beso, me abrazó ¡Nos abrazamos! Yo lloraba, ella lloraba y Petra nos observaba desde el umbral de la puerta con su cara empapada de lágrimas ¡Era todo un drama! Aunque el drama vendría después ¡Ahora todo era alegría! Alegría por el reencuentro, alegría por saber que no estaba muerta ¡Bueno, sólo aparentemente! Mi madre dio las gracias a Petra por haberme traído, ella se despidió: -Bueno, os dejo que tengo que volver al trabajo. -Gracias
Petra ¡Eres un tesoro! Saluda a tu madre de mi parte. Nos
despedimos y le agradecimos lo bien que se había portado conmigo, aunque
ella en todo momento decía que había hecho lo que cualquier otra persona
hubiera hecho en su lugar ¡De eso nada le dije repetidas veces! A primera
vista vi que era una buena persona. Días después me lo confirmó. Mi
madre no sabía por donde empezar y yo quería contarle tantas y tantas
cosas que no me decidía a decir nada. Entonces ya algo más calmada le
pregunté: -¿Dónde
está papá? Su
respuesta me dejó helada ¡Petrificada! Me dijo que mi padre había
muerto a los dos meses de yo desaparecer. Entró en una profunda depresión
y dejó de ingerir alimento alguno ¡Murió de un paro cardíaco! Si antes
estaba atormentada por todo lo pasado, por todo lo soportado durante los años
de esclavitud, ahora me sentía culpable de todo lo sucedido. Mi padre
murió por mi culpa, mi madre sufrió por mi culpa ¡Yo sufrí por mi
culpa! Todo
el día lo pasé explicando y explicando lo que me había ocurrido, ella
lloraba y lloraba sin parar. A cada cosa que le contaba se quedaba callada
y más callada, no decía nada ¡Simplemente lloraba! El
día se fue consumiendo, mi madre me ayudó a lavarme, cuando me desnudé
pudo ver los morados, heridas y cicatrices provocadas por las palizas
recibidas durante mis días de reclusión ¡Serán hijos de perra! Gritó: -No
te preocupes mamá, no me duelen ¡Ahora ya no me duelen! Estoy de nuevo
aquí contigo ¡Eso es lo que importa! Cuando
le estaba diciendo eso no se me hubiera pasado por la cabeza ni
remotamente el sufrimiento que me esperaba pasar. No habían pasado más
de 30 minutos acostada en la cama junto a mi madre cuando la noté fría
¡Helada! Mi madre, mi querida y sufrida madre no había podido aguantar
la emoción del regreso de su amada hija. Dejo de respirar y murió plácidamente
junto a mi lado ¡No! ¿Qué he hecho yo para merecerme esto? Sola y
asustada junto a mi madre muerta ¡No sabía qué hacer! Si mi madre había
fallecido ¿Qué es lo que me retenía allí? Me levanté y respiré
profundamente y grite todo lo que pude ¿Por qué? Cuando me calmé, llamé
a Petra, ella parecía una persona amable y servicial, es un poco mayor
que yo ¡Apenas tres años! Ella sabrá que hacer: -Petra, perdona que te llame a estas horas ¡Mi madre ha muerto! -¿Qué dices Anita? -Sí, nos hemos ido a la cama y la he notado helada ¡Ha muerto, no respira! ¿Qué es lo que debo hacer? -Espera
un momento, me visto y en cinco minutos estoy ahí. *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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