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Relato Dicen
las antiguas leyendas, que unos padres desconsiderados hacían que su
pequeña hija de 12 años, a punto de cumplir los 13, llevara la comida a
su abuelita que estaba enferma. La abuelita, vivía en el centro de un
espeso bosque, ¡qué miedo! Sobre todo andar por ese lugar por la noche,
hasta los lobos eran recelosos de merodear semejante lugar. El servicio de
protección al menor debiera haber tomado cartas en el asunto retirando la
custodia de esa abnegada niña que sin rechistar llevaba todos los días
la comida a su abuelita. Hasta que un día fue a tropezar con un individuo
joven y muy bien parecido, que prendado por su belleza y diminuta figura
le dijo: - Hola, soy Ernesto, ¿tú como te llamas? -¡A
ti que le importa! El
individuo trataba de entablar una conversación, pero la niña sin esperar
un segundo salió corriendo como una posesa, ¡qué genio, qué velocidad!
Con doce años corría como si de un galgo se tratara. El desconocido salió
corriendo tras ella con la mala fortuna de tropezar con unas ramas del
camino, se golpeó el cuello y quedó allí inmóvil, tendido en el suelo.
La niña no supo más de él. Como cada día llegó sin percance alguno
hasta la confortable casa en el bosque en la que su abuela vivía feliz y
contenta, aunque la artrosis hacía que no pudiera hacerse la comida. Pasaron
los días, semanas... incluso años, lo inevitable pasó, no fue ni el
lobo, ni los leñadores, fue un paro cardíaco quien se llevó a la abuela
de este mundo. Murió feliz y con una sonrisa en sus labios en presencia
de su nieta, ¡pobre abuelita! La niña rozando los dieciocho años se
quedó triste y sin la tarea diaria de llevar la comida y cuidar a su
abuelita, ¿qué hacer ahora? Lo normal es que la niña se hubiera
centrado en sus estudios para ingresar en la universidad, ¡pero no! Sus
desconsiderados y dominantes padres le encontraron pronto una ocupación
tras el entierro de su fallecida abuela. Ingresó
como sirvienta en casa de una de las familias más acaudaladas de la zona.
La niña, desde ahora Adela, fue admitida como acompañante de su único
hijo. El desdichado, hacía algunos años corriendo por el bosque se
encontró con una niña muy bella que salió huyendo, quiso seguirla pero
tuvo la mala fortuna de caer y quedar paralizado de piernas para abajo.
Adela no sabía que es lo que se encontraría en aquella inmensa casa a
donde sus padres la habían mandado. Con las piernas temblorosas se dirigió
a la puerta principal tras haber cruzado la verja y un precioso jardín,
tocó al timbre: -Buenos días, ¿qué desea? -Soy Adela, vengo para ocupar el puesto de acompañante. -Muy
bien, pase y espere ahí, en unos minutos le atenderán. Adela
estaba nerviosa por la incertidumbre de cómo sería la persona a la que
debería acompañar. En su cabeza se hacían cábalas de cómo sería, ¡pronto
salió de la duda! Escucho una voz que le decía: -Hola,
soy Ernesto, ¿tú como te llamas? Estaba
mirando hacia el jardín, Adela percibió un escalofrío al sentir esa
voz, aunque habían pasado casi cinco años, ¡la recordó! Su voz le era
familiar, se giró y quedo paralizada. Como no era capaz de articular
palabra alguna Ernesto habló: -¿No saldrás de nuevo corriendo? –Adela reaccionó y contestó- -Me
llamo Adela. Estaba asustada, sorprendida y al momento se enamoró. Fue un amor a primera vista, no le importó que fuese un hombre impedido. Desde ese día le acompañó, le cuidó y le mimó con todo su amor. Pasaron dos años de felicidad absoluta. Se casaron, pero tuvieron la mala fortuna de encontrar la muerte durante el viaje de recién casados. Sin dudas el destino de esta pareja no eral el mejor. ¡Qué mala suerte! *-*-* Denominación de la RAE de Género |
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